Historia de Lucía
(Análisis de la letra)













A través de esta canción se nos cuenta, tal y como señala el título, una historia: la “historia de Lucía”, de una Lucía en concreto, que puede ser también, a la vez, la historia de muchas Lucías diferentes.

Para ello el autor se sirve de una continua comparación temporal: el ahora del presente con el antes del pasado, reflejado a través de una reiteración de la forma verbal “tenía”; en la que se sirve del imperfecto, que es, junto con el presente, el tiempo más común de las partes descriptivas.

Pero la comparación se hace continuamente presente a través de la relación que se describe entre dos Lucías, comparación que se produce en todas las estrofas de la canción. Así, la canción se inicia con una frase en la que se introduce ya a la persona objeto de la descripción: Lucía de joven tenía, /tenía una vida corriente, y ahora la ves escondida debajo de un puente. Ese puente al que se alude enlaza con la frase siguiente y sirve metafóricamente de puente, de conexión entre dos personajes: el presente de la Lucía vieja, que vive debajo de un puente, escondida del mundo que le ha llevado a una vida difícil; y la niña Lucía, que cruza ese puente en el presente. Esa niña que vive en el barrio de enfrente, en un lugar que se opone también a ese mundo de los bajos fondos en el que habita la vieja Lucía. El presente de la vieja pretende oponerse también a otro presente: el de esa niña (real o ficticia) que le pide a la vida un poquito de suerte.

De nuevo las palabras son elementos de conexión, y la suerte futura que se espera para la niña Lucía, nos introduce la suerte pasada de la vieja Lucía: suerte que se enfatiza de manera hiperbólica (la suerte que tuvo Lucía no se parecía a ninguna otra suerte), resaltando todavía más su desgracia, pues Lucía  muere cada día al pasar la gente. Cada día que pasa (de nuevo la sensación temporal) su desgracia se hace más grande, pues la indiferencia que transmite “el paso de la gente” acrecienta su soledad, y la imposibilidad de salir de la situación en que se encuentra.

La comparación continúa en la siguiente estrofa: ¡Qué sola la vieja vivía, /sabiéndose tan diferente /de aquella pequeña chiquilla /de paso impaciente!,/que todas las tardes veía /volver a una casa decente /le espera una cama sencilla y un baño caliente.

Por primera vez se introduce el término “la vieja” y explica que se ve totalmente diferente de la niña, calificada ahora de “pequeña chiquilla de paso impaciente”, adjetivo con el que se transmite una sensación de movimiento, de agilidad, de la vitalidad característica de los niños, de la gente joven, que contrasta con las dificultades de movimiento propias de la vejez.

Por otra parte, ese “baño caliente”, símbolo de la vida fácil y alegre que vive la niña Lucía se opone una vez más al “agua fría” de la fuente en la que tiene que bañarse la vieja, y se opone también a otro tipo de agua (en este caso “caliente”): el “aguardiente” que de modo metafórico parece remitir a una lacra más, que caracteriza su difícil vida: el alcoholismo.

El presente de la vieja Lucía describe su vida de vagabunda solitaria, viviendo en lugares inhóspitos, tan sólo cubierta tal vez por cajas de cartón vacías, en la que va perdiendo poco a poco la razón, aludida metafóricamente por la mente, y porque sus labios murmuran poesías de forma incoherente. A través de esta excelente metáfora casi se nos transmite una sensación visual, pues tras esta frase parece que somos capaces de contemplar la imagen de esa vieja maltratada por la vida, que poco a poco va enloqueciendo (con ese murmurar ininteligible propio de los locos).

Así, se nos dice que sueña con la fantasía del que vive ausente; es decir, su mundo se ha llenado de las fantasías propias de una mente enloquecida, propias de una persona cuya mente está fuera del mundo real (y por tanto ausente de la realidad).

El final no es más que una recapitulación de todo lo anterior, un resumen una vez más de las contradicciones de la vida, de los contrastes que existen y existirán siempre en el mundo. Son verdades eternas, atemporales, reflejadas con ese mientras que al nacer el día, que puede referir cualquier día, o mejor, todos los días, pues todos los días habrá niñas felices en camas calientes, y viejas tristes, maltratadas por la vida en cualquier rincón, debajo de cualquier puente. Pero la frase continúa por medio de imágenes conocidas por todos nosotros, pues forman parte de nuestro mundo (el mundo infantil de los cuentos), mientras que al nacer el día la niña Lucía es la Bella Durmiente; imagen metafórica que se opone una vez más a la frase siguiente, donde se ha alterado también el orden de los elementos formales, pues mientras la niña Lucía es la Bella Durmiente la Bruja es la vieja que vive debajo del puente.  Esa “Bruja” se sitúa en el primer lugar de la frase y se opone a modo de estructura en cruz al sintagma “Bella Durmiente”; pero además, esta frase final señala la estructura circular de la canción, pues se cierra con el mismo espacio con que se abre: la vieja Lucía (ahora bruja) que vive debajo del puente.

En definitiva,  la historia de Lucía puede ser la historia de cualquier mujer, de cualquier persona a la que la vida ha dejado sin nada, sin esperanzas, sin posibilidades de salir adelante, y sin ilusión.

Pero su historia se opone a la de muchas otras historias de cada día, a la de pequeñas Lucías a las que la suerte da una tregua y permite salir adelante sin demasiadas dificultades.

Dos realidades expresadas a través de una cadena de comparaciones: entre el antes (la vida feliz de la infancia) y el ahora (el presente difícil y miserable); la relación con el tiempo de la vida de esa vieja-bruja enloquecida y la alusión a una niña feliz, que puede existir realmente o ser simplemente un símbolo del futuro, de la posibilidad de que en el mundo siga existiendo la esperanza, de la posibilidad de salir adelante, y de llevar una vida digna. Por todo ello, en esta canción, tras la dura historia de Lucía, que es la historia de las dificultades y de la parte negativa de la vida; se puede traslucir un pequeño aliento de optimismo y de esperanza, reflejado en ese nuevo día que nace y en la parte más inocente y entrañable de la vida: la infancia.

Historia de Lucía.
Letra y Música: Luis Guitarra
Análisis: Montse Candal Bocija
Dibujos: Isabel Herrero




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